

Hoy os presentamos un piso en Caldes d’Estrac, una de las poblaciones más genuinas y con más encanto del Maresme. Una vivienda amplia, luminosa y completamente reformada, lista para entrar a vivir y disfrutar del Mediterráneo desde el primer día.
Se trata de un segundo piso en una finca de tan solo dos vecinos, lo que aporta privacidad y tranquilidad. Con 122 m², hablamos de un piso de los de antes: estancias generosas, espacios abiertos y una distribución cómoda y funcional.
La vivienda dispone de tres dormitorios y dos baños. La zona de día es uno de sus grandes atractivos: un amplio salón comedor con cocina abierta, creando un espacio moderno y muy luminoso, con vistas al mar espectaculares que se convierten en protagonistas absolutos.
El edificio ofrece además una terraza superior comunitaria de aproximadamente 100 m², compartida únicamente entre los dos vecinos, con vistas despejadas al mar. Un espacio privilegiado para disfrutar del sol, reuniones o simplemente contemplar el horizonte.
La propiedad incluye también garaje con capacidad para dos vehículos y un trastero independiente de 24 m², un espacio adicional muy versátil que puede destinarse a almacenaje, zona de trabajo o apoyo a la vivienda.
El piso está completamente reformado, combinando amplitud clásica con acabados actuales, lo que permite entrar a vivir sin necesidad de realizar ninguna mejora.
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Año construcción: 1950– CEE: En trámite – Gastos comunidad: 0€/mes - Ascensor: No
Vivir en Caldes d’Estrac es descubrir uno de los secretos mejor guardados del Maresme. Una población pequeña, tranquila y con una identidad muy marcada, donde el mar y la historia forman parte del día a día.
Conocida por su tradición termal y su ambiente acogedor, Caldes combina el encanto de un pueblo costero auténtico con la proximidad a Barcelona. Sus calles del casco antiguo, sus casas con carácter y su ambiente relajado crean un entorno ideal para quienes buscan calidad de vida sin masificaciones.
La playa, a pocos pasos desde prácticamente cualquier punto del municipio, permite disfrutar del Mediterráneo todo el año. Paseos junto al mar, terrazas tranquilas y un ritmo de vida pausado hacen que aquí cada día se viva con calma.
Además, cuenta con estación de tren y buena conexión por carretera, lo que facilita el acceso a Barcelona y a otras poblaciones del Maresme. Una combinación perfecta entre tranquilidad y conexión.
Vivir en Caldes d’Estrac es apostar por autenticidad, bienestar y ese estilo de vida mediterráneo que muchos buscan y pocos encuentran. Un lugar donde el tiempo parece ir un poco más despacio y la calidad de vida se convierte en protagonista.































